Observatorio

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Participantes

El estudio se basó en una muestra de 865 adolescentes de entre 15 y 19 años que cursaban educación media pública en Uruguay. Los participantes provenían de instituciones dependientes de la Dirección General de Educación Secundaria (DGES) y de la Dirección General de Educación Técnico-Profesional (DGETP), las cuales, en conjunto, abarcan a la mayoría de la población adolescente escolarizada del país. El margen de error estimado fue de ±3 puntos porcentuales. En Uruguay, el 87 % de los adolescentes de 17 años asisten a centros educativos, y de ellos el 89 % lo hacen en instituciones públicas. A partir de estos datos, se estima que la población objetivo del estudio representa aproximadamente el 77,5 % del total de adolescentes de entre 15 y 19 años del país.

Procedimiento

Se aplicó una estrategia de muestreo por conglomerados en dos etapas. En primer lugar, se seleccionaron aleatoriamente centros educativos considerando sus características sociodemográficas, y luego se seleccionaron grupos de clase dentro de cada centro. En total, se encuestaron 60 grupos de la DGES y 40 grupos de la DGETP. La encuesta fue administrada de forma presencial y autoadministrada mediante dispositivos digitales en el aula. Antes de participar, los estudiantes fueron informados sobre los objetivos del estudio, el procedimiento de recolección de datos y las medidas tomadas para garantizar el anonimato y la protección de su información.

El consentimiento informado fue solicitado electrónicamente al inicio de la encuesta autoadministrada. El protocolo de investigación fue evaluado y aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, acreditado por la Comisión Nacional de Ética en Investigación. Todas las etapas se llevaron a cabo conforme al Decreto 158/19 sobre investigaciones en seres humanos vigente en Uruguay. El tratamiento de los datos se realizó conforme a la Ley 18.331 de Protección de Datos Personales. La recolección de datos se realizó entre noviembre de 2022 y abril de 2023.

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Instrumentos

El cuestionario fue elaborado a partir de un proceso de tres etapas que incluyó exploración cualitativa, diseño del instrumento y recolección de datos. Se realizaron seis grupos focales con un total de 41 adolescentes, divididos por edad (15–17 y 18–19 años) y por nivel socioeconómico (alto, medio y bajo). Estas instancias permitieron relevar el lenguaje, las prácticas y las percepciones sobre la sexualidad en entornos digitales, y fueron fundamentales para la construcción del instrumento.


El cuestionario incluyó preguntas cerradas y escalas de frecuencia organizadas en módulos temáticos sobre socialización sexual, agresiones en red, publicaciones íntimas en redes sociales, consumo de pornografía, prácticas de sexting y encuentros sexuales con personas que solo conocen por internet. Los ítems fueron diseñados a partir de insumos obtenidos en una etapa cualitativa previa, siguiendo recomendaciones metodológicas que destacan el valor de los enfoques exploratorios para captar el lenguaje, las experiencias y los marcos interpretativos de la población objetivo (Creswell & Plano Clark, 2017). A su vez, se aplicaron principios del diseño estructurado de encuestas para asegurar la claridad, consistencia y adecuación del instrumento a adolescentes, utilizando formulaciones comprensibles y escalas de respuesta apropiadas (Dillman, Smyth, & Christian, 2014).


La validación del cuestionario fue conceptual, basada en la triangulación con los insumos cualitativos y la revisión por parte de expertos en psicología, sexualidad y entornos digitales. Posteriormente, se realizó una prueba piloto con estudiantes de educación media pública con características sociodemográficas similares a la muestra objetivo. Esta instancia permitió ajustar la redacción de los ítems y verificar su pertinencia en formato digital autoadministrado (Haynes, Richard, & Kubany, 1995).

Socialización

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Importancia otorgada por los adolescentes a diferentes emisores de mensajes sobre sexualidad (2019)

La socialización sexual puede definirse como el proceso que construye a los sujetos en tanto sexuados y sexuales, atravesados siempre por los mandatos del sistema sexo-género de la sociedad donde son criados. Esto refiere a qué desean, cómo lo hacen saber, qué relación tienen con su cuerpo y corporeidad en torno al ejercicio de su sexualidad, qué los seduce y cómo buscan seducir, qué les resulta sexualmente placentero y qué significado y lugar les dan a aquellas personas con las que se vinculan sexualmente, así como qué valor se dan a sí mismos en esas relaciones. Todo esto, se aprende, no como un traspaso de información, sino como una negociación interna entre los scripts sexuales transmitidos y el propio deseo, es decir en un proceso de socialización y subjetivación.

Sobre sexualidad en general, tanto el más importante, como la suma de las menciones del emisor entre los tres más importantes da como resultado: 1. Padre, Madre o Tutor; 2. Profesional de la salud en un centro de salud; y 3. Taller de sexualidad en tu centro educativo.

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Importancia otorgada por los adolescentes a diferentes emisores de mensajes sobre sexualidad (2021)

En la encuesta 2021, si bien se trata de una muestra diferente a las 2019, la tendencia se mantiene en lo que respecta a la importancia otorgada por los adolescentes a los distintos emisores de mensajes sobre sexualidad. Los/as adultos/as de la familia y los centros de salud se mantienen en primer y segundo lugar respectivamente, tanto entre las primeras tres menciones como como emisor más importante. Aparecen los hermanos/as mayores en tercer lugar, junto con los centros educativos que pierden presencia.

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Emisores de mensajes sobre sexualidad según su frecuencia (2019)

La siguiente gráfica da un panorama muy distinto al de la importancia otorgada a los mensajes: los tres agentes señalados como más importantes, Familia, Educación y Salud suman un 70% o más de respuestas que indican una frecuencia de emisión de mensajes de nunca o poco frecuente. De hecho el “nunca” ronda el 50%. 

Sin embargo, si miramos la columna amarilla, entre muy frecuente y algo frecuente, los amigos en persona se imponen seguido por algo muy interesante: buscando directamente en internet por su cuenta, el tercer lugar lo tienen los amigos a través de las redes y el cuarto lugar a través de redes sociales en general, incluido YouTube. Eso es una noticia potencialmente buena y mala: la búsqueda de información en la fuente más grande del mundo es una posibilidad increíble, siempre y cuando tengan capacidad de discernir entre buena y mala información. Se habla de que la brecha en el acceso a internet ya no la constituyen los que acceden y los que no, sino los que saben decodificar los contenidos buenos de los malos y los que no. La alfabetización digital, también en torno a temas como la sexualidad, es la clave para que esto sea bueno o malo para el futuro.

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Emisores de mensajes sobre sexualidad según su frecuencia (2021)

Los datos 2021 son distintos en los porcentajes, pero mantienen el orden de 2019. Los emisores más frecuentes de mensajes son los amigos en persona y la búsqueda solitaria en internet mantiene el segundo lugar. La mitad de los/as referentes adultos/as de los adolescentes emiten mensajes poco frecuentes o nunca. Lo mismo declara el 70% de los adolescentes sobre los profesionales de las salud y el 90% sobre los docentes o instancias de centros educativos.

Agresiones en red

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Agresiones en red 2019

La encuesta 2019 incluía una serie de fotos que buscaban evaluar el cánon de belleza y las características estéticas que te harían vulnerable en la red. Los resultados de esas preguntas (presentadas en las siguientes gráficas), alertaron acerca de la necesidad de profundizar en el tema del ciberbullying. Estos datos solo reflejan la frecuencia de las agresiones en red hacia personas consideradas como "menos lindas" y la frecuencia con la que los/as adolescentes se ven a sí mismos como agresores.

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Víctimas de agresiones a través de entornos digitales y ciberbullying (2021)

La encuesta 2021 incluyó preguntas más extensas que la de 2019 acerca de agresiones en red y específicamente sobre ciberbullying. Este último se definió técnicamente como la agresión a través de medios digitales que perduran al menos dos meses en el tiempo.

Se preguntó primero: En el último año, ¿has recibido agresiones a tu persona, de carácter discriminatorio, a través de cualquier medio digital (por características étnicas, género, orientación sexual, discapacidad, obesidad o cualquier otra)?. Cuando se contestaba que sí a esa pregunta, se abrían otras opciones, entre las que se encontraba la siguiente pregunta: Las agresiones que recibiste, ¿perduraron en el tiempo al menos dos meses?

En esta gráfica se muestran los resultados: el 39,1 % de los adolescentes han sido víctimas de agresiones en la red por diversos motivos. De ese porcentaje, un 46,2% las sufrió al menos dos meses (16,9% del total de la muestra). Sería importante, a través de un estudio cualitativo, indagar acerca de los detalles de las vivencias sobre estas situaciones. No obstante, los datos primarios son alarmantes, pues las víctimas representan cerca de 2 de cada 10 adolescentes encuestados. 

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Agresiones y ciberbullying por género (2021)

Si se abre por género el indicador de agresiones y, en especial, el de ciberbullying, se observa un sesgo muy claro en el fenómeno. Las mujeres sufren más agresiones que los varones (más de 8 puntos de diferencia) y, adicionalmente, son víctimas que se prolongan en el tiempo en mayor porcentaje (23 puntos sobre los varones). Es decir, si consideramos mujeres y varones por separado, el 23,1% del total de las mujeres de la muestra sufrieron ciberbulliyng mientars que solo un 12,2% de los varones. Parece que existen indicios para afirmar que la desigualdad de género también afecta este fenómeno, como sucede en la mayoría de los efectos no deseados del uso de entornos digitales y sexualidad.

Sexting 

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Prácticas de sexting de adolescentes (2019)

La encuesta 2019 preguntó sobre sexting a partir de la información que previamente se obtuvo de la etapa cualitativa. Para elaborar esta gráfica se utilizaron las respuestas obtenidas de las siguientes preguntas: 

En el último año:

    • Has recibido fotos o videos sexualmente explícitos de una persona sin haberlos solicitado.
    • ¿Has solicitado a alguien que te envié ese tipo de videos o fotos?
    • Has reenviado a otra persona fotos o videos íntimos que te han llegado a ti.
    • Has tenido conversaciones de voz o escritas sexualmente explícitas.
    • ¿Has enviado fotos o videos con desnudos completos o prácticas sexuales propias filmadas?  
    • ¿Has realizado videollamadas con fines sexuales mostrando tu cuerpo?

Vale la pena detenerse un instante en lo que dice la literatura académica sobre el sexting. Suele ser colocado como uno de los nuevos peligros de la sexualidad a través de internet, aunque también hay estudios (y nuestros resultados acompañan esa idea) que señalan que el sexting es una práctica socialmente aceptada entre los adolescentes, formando parte de los rituales de “conquista” de un compañero/a (Velázquez, López y Arellano, 2013). Es igual de importante detenerse en la segunda práctica que aparece como más frecuente: como se observa en la pregunta, refiere a recibir material explícito sin haberlo pedido, lo que le sucede a más de la mitad de los/as adolescentes. En la etapa cualitativa, las mujeres fundamentalmente, mencionaban esto como algo molesto y en ocasiones angustiante.

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Prácticas de sexting (2021)

Los resultados 2021 prácticamente no varían respecto a los de 2019, a pesar de tratarse de universos distintos. El orden de las prácticas más frecuentes se mantiene y los porcentajes en los que se produce cada fenómeno son iguales, excepto el envio de fotos. Este dato en particular puede ser especialmente suceptible a la diferencia de los universos.

Si bien se podría esperar que, en contexto de pandemia la práctica aumentara, en especial entre los adolescentes -que fueron particularmente afectados por esta-, la diferencia entre los dos indicadores puede ser explicado por el tipo de entrevistado. Mientras la muestra 2019 era de adolescentes de 15 a 19 años en general, la 2021 incluyó bachilleres, lo cuál genera un sesgo en el nivel educativo de quienes contestaron. Adicionalmente, el campo se hizo entre noviembre y diciembre de ese año (que durante meses no hubo clases presenciales), por tanto quienes participaron también tenían características aún más favorables que los bachilleres habituales.

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